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La cocina de Ferràn Adrià

 

 

ARGUMENTO

"La cocina de Ferràn Adrià está creada por y para cocainómanos"

 

EXPLICACIÓN

Cualquiera que haya consumido alguna vez en su vida cocaína sabe que entre sus muchos efectos se encuentra la desaparición por completo del apetito y un bloqueo de la tráquea (la llamada "garganta de pana"), que sólo permite el paso de polvo, líquido y humo hacia el organismo. Esto provoca patéticas escenas en comidas familiares, cenas de empresa, etcétera... en las que personajes visiblemente inquietos y locuaces remueven la comida en sus platos incapaces de llevarse a la boca una sola cucharada sólida, mientras trasiegan una cerveza tras otra sin soltar el cigarrito. Se escuchan las excusas más peregrinas: "es que ya he cenado antes de venir", "es que estoy un poco pachucho del estómago", "yo ya dije de no venir aquí, que no tienen ni puta idea de hacer el arroz". Los más osados tratarán de disimular, metiéndose en la boca minúsculos trozos de croqueta de bacalao, masticándolos cientos de veces hasta que disimuladamente regurgitan la bola indigerible en la servilleta.

Estoy convencido de que el innovador cocinero catalán, harto de presenciar estas escenas entre los potentados clientes de su restaurante, y apesadumbrado por ver desfilar sus esmerados platos de vuelta intactos a la cocina, un buen día decidió inventar una nueva forma de cocinar: se acabaron los intragables alimentos sólidos, bienvenidos los aires, las espumas, y los glaseados. Ahora sus clientes, por mucha fiesta que lleven en la sangre, pueden degustar fácilmente las carnes y pescados más recios, previamente caviarizados, caramelizados, o reducidos a pulpas, cremas o vapores. Todo ello para facilitar su ingesta incluso en los gaznates más curtidos.

 

REFUTACIÓN

Antes de iniciar el análisis de su argumentación, quisiéramos aclarar que lo que para usted es un argumento, para nosotros es un simple enunciado. Y un enunciado, como bien sabrá, no es suficiente para constituir un argumento propiamente dicho. “La cocina de Ferràn Adrià está creada por y para cocainómanos” podría ser perfectamente la conclusión de un argumento, de hecho entendemos que usted la considera como tal, pero en rigor no aporta explícitamente ninguna premisa de la cual dicha conclusión pudiera derivarse.

A pesar de ello, procederemos a analizar su argumentación, pues aporta usted una serie de razonamientos que nos parecen harto interesantes.

A nivel estructural, el enunciado “la cocina de Ferràn Adrià está creada por y para cocainómanos” presenta dos partes distintas que cabría no confundir. Dichas partes vienen marcadas por las partículas ‘por’ y ‘para’. Que la cocina de Ferràn Adrià esté creada por cocainómanos no implica que vaya dirigida a cocainómanos. Paco de Lucía es guitarrista pero su música no necesariamente va dirigida a guitarristas, o al menos no exclusivamente. Y, evidentemente, el hecho de que aquellos que consuman los manjares del señor Adrià sean cocainómanos, no implica que el propio Adrià lo sea. Aclaramos esto porque, según nos parece, usted dedica todos sus esfuerzos a demostrar que los clientes de Adrià son cocainómanos, pero el hecho de que el cocinero lo sea no queda del todo justificado en su explicación.

Entremos a analizar ahora el contenido de su exposición. Usted da a entender que la comida que prepara el señor Adrià es ideal para que un cocainómano bajo los efectos de la droga pueda ingerirla sin problemas. Usted añade a esto una hipótesis: el propio Adrià se dio cuenta de las dificultades de los cocainómanos a la hora de ingerir alimentos sólidos (las cuales ilustra usted magistralmente) y creó su estilo culinario precisamente para aliviarlas. Esta hipótesis no queda del todo justificada: podría ser que la comida de Adrià fuera fácilmente comestible para los cocainómanos, pero no porque estuviera diseñada especialmente para ello. La comida de los geriátricos, por ejemplo, hecha a base de purés y papillas, también sería fácilmente comestible para un cocainómano, pero deducir de ello que todos los ancianos que residen en un geriátrico son cocainómanos, y que precisamente por ello se les sirve la comida que se les sirve, nos parecería un tanto arriesgado. Si proporcionara usted una evidencia empírica que apoyara la hipótesis, como por ejemplo una confesión del propio Adrià o de alguna persona cercana a él, estaríamos más predispuestos a aceptarla.

Creemos que lo que usted nos muestra más claramente es que la comida de Adrià, por sus características intrínsecas, puede ingerirse con bastante facilidad. Pero entendemos que ello no sólo beneficia a un cocainómano, sino también a cualquier individuo con dificultades para tragar alimentos sólidos. La cosa cambiaría, nuevamente, si nos proporcionara usted un estudio estadístico gracias al cual se viera claramente que los clientes del restaurante de Adrià son en su mayoría adictos a la cocaína, y que aquellos que cocinan los platos también lo son. Si las estadísticas mostraran efectivamente que ello es así, su razonamiento acerca de lo fácil que es ingerir los platos de Adrià serviría quizá para explicar, en parte, este hecho.

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