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Bruto y el libre albedrío

 

ARGUMENTO

Bruto, o el NO Libre Albedrío

NOTA.- Los partidarios de la libre voluntad, es decir, los partidarios del sentido común, es decir, los simples y brutos, es decir, los no filósofos, afirman esto: que, si bien una persona puede ser "influida" o "predispuesta" o "determinada hasta cierto punto" por sus circunstancias (código genético, ambiente natural, cultura), siempre queda un espacio de libertad, un ámbito donde es LA PROPIA VOLUNTAD o EL PROPIO YO los que toman las decisiones. Dentro de ese espacio, la voluntad o el yo se mueven libremente. Y es entonces válido decir "Yo decidí ser médico" o "Soy médico no porque ese fuera mi destino, ni porque mi conducta estuviera predeterminada o condicionada a ello, ni tampoco porque sea yo una marioneta del caos universal, sino, sencillamente, porque yo así lo quise, yo así lo elegí, fue mi propia y soberana voluntad la que tomó esa decisión"

Imaginemos este diálogo entre Bruto, la persona que decidió ser médico, y Sócrates, el filósofo interesado en descubrir la naturaleza o la esencia de la libre voluntad:

B. Soy médico porque yo así lo quise.

S. ¿Por qué lo quiso?

B. Bueno, eso fue lo que yo elegí.

S. Ya sé que eligió eso. Mi pregunta es ¿por qué lo eligió?

B. Bueno, elegí esa carrera porque satisface mi vocación personal.

S. ¿Por qué quiere satisfacer su vocación personal?

B. Creo que ya son demasiadas preguntas...

S. Sí, demasiadas, pero... disculpe, sólo intento entender la lógica de la voluntad. Por favor, dígame: ¿por qué quiere satisfacer su vocación?

B. Bueno, quiero realizarme como hombre. ¿Hay algo malo?

S. Nada malo. ¿Por qué quiere realizarse como hombre?

B. Bueno, esa es mi meta personal.

S. ¿Por qué tiene esa meta?

B. Bueno, quiero ayudar a la humanidad.

S. ¿Por qué quiere ayudarla?

B. ¡Oiga! ¿Y qué quiere que haga? ¿Quiere que me ponga contra la humanidad?

S. Me alegra ver que está a favor de la humanidad. Sólo le pregunté: ¿por qué quiere ayudarla?

B. La quiero ayudar porque... bueno, porque yo así lo quiero.

S. Ya sé que eso quiere usted. Le pregunto ¿por qué lo quiere?

B. Porque yo decidí quererla, y sólo por eso. No hay otra razón.

S. Me está diciendo usted: "quiero eso porque decidí querer eso". Eso no es una explicación. Por favor, explíqueme por qué lo decidió.

B. ¡Fue un acto de mi libre voluntad! Esa decisión SALIÓ DE MÍ, de mi voluntad.

S. Ya sé que salió de su voluntad, pero quiero saber por qué salió ESA decisión en lugar de otra cualquiera.

B. ¡YO NO SÉ! Esa decisión salió de MÍ, eso fue lo que YO decidí, y... eso es todo, es la única explicación que puedo darle.

S. ¿No sabe? ¿No sabe por qué decidió querer a la humanidad? Y todavía así... ¿dice que esa decisión salió DE USTED? Si no sabe por qué decidió querer a la humanidad, ¿cómo puede decir que USTED decidió eso? ¿En base a qué tomó esa decisión?

B. Bueno... ¿cómo decírselo? ME NACE querer ayudar a la humanidad.

S. ¿Por qué le nace eso?

B. Bueno, siento el deseo de hacerlo...

S. Creo que hemos avanzado muy poco. Primero me dijo que usted decidió ser médico porque eso satisface su vocación personal (digamos que su meta 1 es satisfacer su vocación). Luego me dijo que satisfacer su vocación era para realizarse como hombre (meta 2). A continuación me dijo que quiere realizarse como hombre para ayudar a la humanidad (meta 3). Ahora me dice que "le nace" querer ayudar a la humanidad, y que le nace porque "siente el deseo de hacerlo". Quisiera yo saber: ¿por qué siente ese deseo?

B. Siento ese deseo porque amo a todo el mundo y quiero la felicidad de todos.

S. Qué bien. Así pues, su propósito es: lograr que todo mundo esté contento la mayor parte del tiempo. ¿Podemos llamar a eso la meta 4?

B. Correcto: meta 4.

S. Dígame, ¿la meta 4 es la META FINAL o hay alguna otra meta más allá? Si la hay, dígala de una vez para ahorrar tiempo.

B. No. Esa es mi meta final. ¿Satisfecho?

S. No. ¿Por qué tiene esa meta final en lugar de otra cualquiera?

B. ¿Cómo otra?

S. Sí, por ejemplo: ¿por qué no busca que todo mundo sufra la mayor parte del tiempo?

B. Porque yo amo a la humanidad.

S. ¿Por qué la ama y no la odia?

B. A mí me nace amarla.

S. ¿Por qué le nace amarla y no le nace odiarla?

B. ¡Oiga! ¡YO NO SÉ! A mí me nace amarla...

S. ¿No sabe? ¿No sabe en qué fundamenta usted su meta final, y todavía así dice que sus decisiones salen DE USTED, de su voluntad?

B. Sólo sé que me nace, nace de mí.

S. ¿Pero no sabe por qué le nace?

B. Supongo que es algo interior, algo dentro de mí que me mueve a amar.

S. ¿Algo interior que lo mueve a amar? Eso suena como algo que USTED YA NO CONTROLA, algo que está ahí, dentro de usted, pero que súbitamente aparece, se manifiesta, nace sin que usted pueda hacer nada al respecto. ¿Dónde, pues, quedó su voluntad libre? Ahora parece SOMETIDA A FUERZAS QUE USTED NO CONTROLA.

B. No lo sé.

S. Tampoco yo lo sé. Pero me parece que la respuesta correcta, al menos la más honesta y menos prejuiciosa, es: su voluntad no es libre; al final, resulta que está sometida a fuerzas incontrolables, fuerzas que usted no domina, sino que ellas lo dominan a usted.

B. Un momento. Si me esfuerzo, si me empeño en seguir alguna disciplina, yo puedo llegar a CONTROLAR mi voluntad. De esa manera mi voluntad puede llegar a ser libre, dominar ella, no ser dominada.

S. No lo creo. Suponga que usted controla esa "fuerza que lo mueve a amar" que hay en su interior, y ya no permite que "le nazca" espontáneamente ese deseo de ayudar a la humanidad. Muy bien, pero ahora dígame: ¿de dónde le vino ese "nuevo deseo" suyo, el deseo de reprimir o extirpar su deseo de amar? Nuevamente le preguntaré por qué tiene ese nuevo deseo en lugar de otro deseo cualquiera; por qué "le nace" ese nuevo deseo y no le nace otro diferente; por qué ha cambiado de meta final; etcétera. Al final resultará que su nuevo deseo proviene de alguna OTRA "fuerza interior", sobre la cual USTED TAMPOCO TIENE NINGÚN CONTROL. Su voluntad sigue sometida.

B. ¿Qué es entonces la libre voluntad?

S. Nada, una ilusión. Algo que inventaron algunos filósofos cansados de tantos "¿por qué?"...

B. ¡Vaya, pues! Esta discusión no me interesa. Podrá usted decir lo que quiera, pero yo sigo creyendo que mis deseos son MIS deseos y...

S. No, no son "sus" deseos, puesto que ellos nacen en su mente sin que usted pueda evitarlo ni pueda controlarlos. Sin embargo, si así le place, puede seguir hablando de "sus" deseos, al fin que es sólo una manera de hablar.

B. Para mí está clarísimo: si nacen en MI mente son MÍOS.

S. Jejeje...

B. ¿Qué hay de la inteligencia? ¿No es ella la que nos hace libres?

S. No. Ser inteligente es ser capaz de ver las opciones y las consecuencias, incluso aquellas muy ocultas, y que por ello, al ser descubiertas, se antojan "novedosas". Sin embargo, la DECISIÓN de tomar una opción cualquiera y no otra, no es de la inteligencia, sino de los deseos y esas "fuerzas interiores" que usted ha mencionado.

B. ¿Vaya! Según usted, somos, pues, como animales o robots. ¡Por Dios! ¿Y nuestra Razón, aquello que nos distingue de los animales?

S. Jejeje, eso es solamente un cuento de viejas beatas. Como dijo Thomas Zsazs, en sus "Herejías": La Razón es aquello que distingue al hombre del animal y es aquello que permite ver que dicha distinción no tiene la menor validez.

 

REFUTACIÓN

El Servicio de Refutación de Argumentos de Esponjiforme Entertainment le saluda y le envía el Brutus Maior, que es la continuación del diálogo que nos envía usted.

SÓC- Y dime Bruto, ¿ha cambiado mucho tu vida desde que sabes que no existe el libre arbitrio?

BRUTO- Oh, bello Sócrates, tiempo hacía que quería encontrarme contigo para platicar en torno a este tema.

SÓC- ¡Por Zeus Bruto, felices son mis oídos de oír semejante cosa! Dime, ¿de qué creencias te gustaría desprenderte esta vez?

BRUTO- Siento decepcionarte sabio Sócrates, pero no quiero desprenderme de ninguno de mis conocimientos. Es más, esta vez quisiera que fueras tú el instruido y no el instructor.

SÓC- ¡Por Tutatis! Digo... perdón, ¡Por Zeus! Y ¿qué te gustaría enseñarle a este ignorante viejo?

BRUTO- Me gustaría demostrarle que es mi voluntad la que me inclina a hacer unas cosas y no otras.

SÓC- Dime Bruto... ¿por qué llevas ese bate de baseball? Los griegos no jugamos a baseball. ¿Por qué te ríes, Bruto? !Oh, Bruto, por Zeus, deja de pegarme! ¡Oh, por la diosa, Bruto, no, no seas bruto! ¡Mis sentidos no me engañan, me duele Bruto, por Cristo, detente!

BRUTO- Lo siento Sócrates sapientísimo, pero no soy yo quien decide apalearte, no nace de mí, ¿acaso sean las pléyades, hijas del Sol? Lo desconozco, mas quizá si admitieras que soy yo quien decide encajarte el bate de baseball en los riñones una y otra vez, si lo admitieras, digo, quizá podría decidir detenerme. Mas si no admites que soy yo quien te apalea ¿cómo pretendes que deje de hacerlo?

 

 

 

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