ZURDOS Y ZUMBADOS

He leído en El País que unos científicos de la Universidad de Oxford han descubierto un gen que influye en la posibilidad de que seamos zurdos o esquizofrénicos. La noticia es breve y no aclara todas las dudas que el hallazgo suscita. No nos dice, por ejemplo, si este gen puede hacer que hoy nos levantemos zurdos y mañana esquizofrénicos, o al revés. En todo caso, y a la espera de obtener datos más precisos, a los zurdos les recomendaría prevención. Si se levantan por la mañana y agarran la taza del Cola Cao con la mano derecha, pidan ayuda porque en cualquier momento podrían sentir el impulso de romper la cafetera a cabezazos.

Lo que sí deja claro el periódico es que la influencia del gen tiene que ver, en este caso, con las funciones que realizan las partes derecha e izquierda del cerebro. Al parecer, allí está todo bastante ordenado y hay un reparto equitativo de tareas: la parte derecha del perolo controla las emociones y el lloriqueo en general, mientras que la izquierda se encarga del lenguaje e, imagino, también de los impuestos y de contestar al teléfono. Que el cerebro esté tan organizado me tranquiliza, francamente. Pero sucesos como el de los zurdos esquizofrénicos me incitan a sospechar que no todo es tan perfecto allí arriba. Yo de medicina no tengo ni puñetera idea, como habrán comprobado, pero no hay que ser muy listo para darse cuenta de que un gen que se dedica a controlar a los zurdos no puede estar pendiente de los esquizofrénicos al mismo tiempo. Esto es como pedirle al recepcionista que se encargue también del departamento de ventas y distribución. Digo yo que si faltan genes habría que buscar otros, aunque ello implique rebajar el presupuesto en otras áreas. Estoy seguro de que los genes que regulan el crecimiento de los pelos del sobaco o la proliferación de las legañas se pasan el día tocándose el higo. No estaría de más que alguno de ellos echara un cable a los genes que supervisan ámbitos de alta responsabilidad, aunque tuvieran que hacer cursillos para ponerse al día. Ya sé que todos los sectores son importantes, y que algún gen falló cuando a Mariano Rajoy, ese alto mandatario, le descubrieron un agujero importante en los calcetines. Hay que controlarlo todo, yo esto lo entiendo, porque el esfuerzo de todos puede irse al carajo por detalles tan tontos como el que hundió la carrera política del candidato del PP. Pero se trata de buscar un punto medio, señores. El asunto es muy serio.

Dicho esto, se impone una pregunta obvia a la par que desconcertante: ¿a quién reclamar? Ese zurdo trabajador y padre de familia que, sin venir a cuento, ha empezado a remover su propia basura buscando a un tal Enrique Gordillo necesita urgentemente soluciones. ¿Quién responde por los genes? ¿Dónde está el encargado? Cuando un periódico publica una noticia relacionada con la corrupción política, rápidamente habla de la necesidad de detener a los culpables y enmendar la situación. Fíjense en lo que ha ocurrido con el apagón en Barcelona: los ciudadanos, y también los medios, se han centrado en los responsables del desastre con el objetivo de obtener compensaciones y evitar que el suceso vuelva a repetirse. En cambio, cuando se habla de un gen que hace lo que le da la gana con los zurdos y los esquizofrénicos, se utilizan expresiones como “gran descubrimiento” o “interesante hallazgo”, hablando en positivo de algo que, sinceramente, me parece intolerable a estas alturas. No sé ustedes, pero yo prefiero que se fundan los plomos a que se me funda la cabeza. Pero aquí, todos tan tranquilos. Ustedes verán.

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