EN INTERNET NO HAY ZORROS

Levantarse por la mañana es duro para todos, aunque para algunos más que para otros. Cada día, de camino al trabajo, debo sortear una multitud de zombies, que se aglomera en la boca del metro alrededor de los repartidores de periódicos gratuitos. Es curioso observar cómo se pierde la dignidad ante cualquier cosa (por absurda e inútil que sea) regalada. Mi educación no me permite rebajarme de tal modo, así que sorteo como puedo las ofrendas de 20 minutos y ADN, y bajo las escaleras del metro impasible. Durante el trayecto, suelo leer los titulares de reojo. Sí, señores, soy de esas personas indeseables que leen por encima del hombro: mi orgullo me impide aceptar periódicos regalados, pero no leerlos de la mano de otros.

El caso es que, el otro día, venía un titular que afirmaba que la mitad de los españoles no se siente feliz en su puesto de trabajo. Leer esto, a las ocho de la mañana, de camino al trabajo, provoca una extraña sensación de absurdo. Estuve reflexionando sobre el dato durante todo el trayecto (y parte de la jornada laboral): ¿a qué se debía ese enorme porcentaje: a los empleos o a los empleados? Y lo más importante: ¿a qué grupo pertenecía yo? Por combinatoria, establecí cuatro posibles tipologías, a saber: por un lado, los que, teniendo un trabajo basura, se amargan (con razón) y los que, a pesar de ello, son felices. Por otro, los que, teniendo un trabajo de envidia, están orgullosos de ello y son felices, y los que no saben disfrutarlo y les parece insuficiente. Teniendo en cuenta que se puede estar amargado con un trabajo de ensueño y que se puede ser feliz en un puesto de mierda, llegué a la conclusión de que todo dependía de las personas y de su capacidad de ser felices. Recordé, entonces (no me pregunten por qué), una escena de Maridos y Mujeres de Woody Allen, en la que la protagonista se dedica a clasificar a sus amigos como zorros o erizos. Supongo que un zorro nunca es feliz y que, además, se dedica a putear a los demás para hacerlos igual de desgraciados que él. Un erizo, en cambio, es capaz de vivir con lo que tiene, aunque no sea lo más deseable, porque se protege de los golpes del destino.

Más tarde, en casa, salió en las noticias un estudio realizado por la UOC (Universidad Oberta de Catalunya) que aseguraba que los internautas son gente más sociable y feliz. Es curioso que tal conclusión provenga, precisamente, de una entidad que se gana la vida a través de Internet. En cualquier caso, según el estudio de la UOC, parece que los internautas somos erizos, aunque yo he visto a más de un zorro (y zorra) por ahí.

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