LA FE DEL CONVERSO

El Papa ha eliminado el limbo. Esto suscita numerosas dudas teológicas al respecto. ¿Esto quiere decir que el limbo ha existido desde el principio de la Creación y dejó de existir la mañana de primavera en la que Ratzinger, aquejado de alergia al polen y resentido por el escozor ocular, decidió que ya estaba bien y que había que sanear? ¿O bien significa que el limbo no ha existido nunca en realidad pero que todos los Papas anteriores estaban equivocados o nos engañaban y los no bautizados iban realmente al cielo pero nos decían que no? Quizá no es que haya dejado de existir, quizá es que sencillamente dejarán de usarlo porque les subía demasiado la factura de la luz o porque les ha vencido el contrato del alquiler y el casero no quiere renovarlo porque le está buscando a su niño un piso donde vivir, porque quiere independizarse pero la cosa está muy mal; así que irán al Ikea y llenarán el limbo de muebles baratos y el chaval podrá vivir allí hasta que encuentre un buen trabajo de lo suyo y pueda mudarse y quizá casarse y todo. Yo creo que la explicación más sencilla es que ante tanto no bautizado el limbo se les ha quedado pequeño y nos enviarán directamente al infierno. Del cual, el anterior Papa dijo que no existía, que era algo así como un estado mental de muy mal rollo. Benedicto, contrariando a su anterior colega y sentando cátedra, dice que sí, que y tanto que existe el infierno, y que hace calor y no hay protección solar, y que allí sólo se comen lentejas y que está lleno de profesores impartiendo gustosamente Metafísica a jornada completa y sin descanso entre clase y clase. Cómo puede, un creyente, creer en la existencia física de algo; para luego creer que el infierno está en nuestras casas, en nuestras calles, en cada esquina oscura y polvorienta de nuestra alma impía y sedienta de sangre... para luego volver a creer que realmente hay un sitio llamado Infierno, y que no es un bar de moteros, y que es un sitio horrible, más horrible aún que una oficina de correos en agosto o una piscina de Tokyo. No hay fe que pueda aguantar eso.

El doctor Forment sonríe ante el anterior Papa

¡Basta, basta! A estas alturas no es de recibo, ni queda moderno, criticar las instituciones religiosas. Decenas de levantiscas generaciones de díscolos adolescentes se han revelado contra sus padres criticando al párroco del pueblo o al obispo de turno y reprochándoles su propio bautismo. Uno de nuestros viejos profesores de la Facultad, el doctor Guiu (que fumaba con aire insolente por los pasillos y que era una mezcla entre la actitud de James Dean y el aspecto de Alejandro Agag) decía que el cristiano era el verdadero rebelde, que ser cristiano era la única verdadera manera de ser antisistema. Por aquél entonces me pareció una estupidez, pero a día de hoy creo que tiene razón. Cuando ya no es indie ser indie, cuando ser alternativo deja de ser una alternativa, y la izquierda se encorva y se encorbata... lo realmente moderno y cool es el conservadurismo, la religión y las alubias con oreja. Particularmente a mí no me importa no ser moderno, así que seguiré profesando mi particular izquierdismo apagado y con fisuras y mi ateísmo triste y desesperanzado. Sin embargo es un hecho que para impresionar a los amigos es mucho más efectivo hablar del milagro de la Creación que de genética mendeliana, mucho más impresionante haber leído la Summa Theologica de Santo Tomás que La Broma Infinita de Foster Wallace. Y esto ocurre siempre, amigos. Es ley de vida. Los snobs del futuro amarán lo que nosotros odiamos, igual que los gafapastas de hoy reverencian lo que los snobs anteriores denostaban. Los hijos de nuestra generación, si es que la tecnología portátil no nos deja estériles, parodiarán con resentimiento nuestro relamido revisionismo actual de subproductos, películas de bajo presupuesto y rarezas absurdas.

Hace poco me encontré con esta joya en el Youtube, el testimonio de un arrepentido skinhead convertido al cristianismo al que bien podríamos calificar de San Agustín postmoderno.

"Dios, no te cambio por una pelea"

Así que ya les digo, abandonen su militancia de los valores demodé de nuestro tiempo. Desdeñen el ateísmo, la subcultura, las pelis de chinos, las ediciones limitadas, Nietzsche, el technopunk, los Coen, la tolerancia, los videojuegos, el ecologismo y el sushi. Abracen con fervor a Dios, la escolástica, Fritz Lang y los coleccionables de dedales. De todos modos, qué demonios, no espero que me hagan caso, ni yo mismo creo lo que digo... es sólo por llamar la atención.

 

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