QUÉ VIEJOS SOMOS

Esponjiforme cumple cinco años y con ello iniciamos una nueva etapa, llenos de ilusión y esperanza. Disculpen, ese no es el tono ni yo soy el Rey. Quiero decir que, aprovechando el aniversario, hemos hecho algunos retoques en la web para que quede más bonita y tal. Entre estos retoques se encuentran algunas secciones nuevas, y entre ellas está esta editorial que cambiará mensualmente. Porque ahora que ya no somos críos, esto debería empezar a parecerse a una revista seria, aunque sin anuncios del Ron Barceló ni de polifonías para móvil. A tanto no podemos aspirar, compréndanlo, señores míos.

Sin que quede demasiado institucional, es necesario, obviamente, hacer balance de estos cinco años de travesuras, monerías y chascarrillos varios. La web nació con el único objetivo de convertirse en la página gamberra de la Facultad de Filosofía, aunque la cosa se haya desmadrado. El día en que las estadísticas dijeron que teníamos una media de sesenta visitas diarias, creímos que por fin nos podríamos retirar a vivir de las rentas. Ahora que tenemos unas tres mil, seguimos agarrados a contratos basura, pero nos reconforta saber que nuestro rencor insano llega cada día a más gente. Y no se crean, que nosotros tampoco nos tragamos aquello de que una de las salidas de la licenciatura era la informática, por lo de haber estudiado lógica. No somos imbéciles. Pero es que al acabar Filosofía estudiamos carreras más caras y con mayor futuro, y ya ven. Sólo nos queda reír para no llorar, y en eso estamos.

La web hace cinco años.

A pesar de todo, debemos reconocer que estos cinco años han representado, sin duda alguna, el periodo más feliz de nuestras vidas. Hemos reído como nadie, hemos formado un gran equipo y, bueno, la Filosofía al fin y al cabo también nos ha servido, aunque sea en negativo. Yo siempre le decía al Moro Juan que la carrera nos ayudaría a no hacer el ridículo. Porque después de haber leído a tipos que se creen capaces de hablar de todo (ética, metafísica, lógica, política, comunicación, arte, ciencia…) sin levantar el culo del sillón, uno siente cierta vergüenza ajena y piensa: “no, yo no seré tan gilipollas, cuando no sepa de algo me voy a callar y punto”. Y es que nos parece lamentable esa visión del filósofo como una especie de gurú que habla de todo como un mal tertuliano de radio. Esta manera tan francesa de entender la Filosofía no es más que una evidencia de que la cultura europea hoy en día es bastante deplorable. Cada vez es más difícil distinguir un texto filosófico de una mala producción literaria, y eso es señal de que hemos tocado fondo. No nos preocupa que la Filosofía no se enseñe en las escuelas. Nos preocupa que la Facultad de Filosofía siga abierta. Alguien debería demolerla, con los catedráticos dentro, para empezar de nuevo y esta vez en serio.

 

Después de la pataleta vienen los matices, claro está. Llega el momento de recordar el día en el que fuimos al despacho de aquel profesor que es hoy en día, y sin lugar a dudas, el maestro espiritual de los esponjiformes. Un tipo que pasó su juventud estudiando como un cabrón en Stanford y que al llegar aquí se encontró con una panda de alumnos incapaces de recordar el nombre de algún filósofo americano vivo. Un tipo al que no entrevistarán nunca en La Contra de La Vanguardia pero del que, sin duda, aprenderíamos mucho más que leyendo a los iluminados que promocionan sus librillos en la prensa diaria. Nosotros, al menos, aprendimos mucho de él, descubrimos una cosa llamada Ciencia Cognitiva y llegamos incluso a recuperar la ilusión por la Filosofía. Ahora la hemos vuelto a perder porque sigue sin darnos dinero, pero a ese profesor seguimos queriéndole mucho y a su familia también.

Y siguiendo con el estilo “Diario de Patricia” debo mencionar, antes de concluir, a otras personas que también han sido imprescindibles a lo largo de estos cinco años: el primero se hace llamar El Moro Juan y fue miembro fundador de la web. Nuestros caminos se separaron, pero nunca olvidaremos lo que representó para cada uno de nosotros. Además, sigue colaborando fielmente en la sección de jazz, junto con Jordi García Cruz, Jaime Valverde y El Capitán Tronado. A ellos también les damos las gracias. Igualmente hay que citar, cómo no, al gran Zeus Crónida, también conocido como Juanjo de Dios. Dormimos juntos, pero no revueltos, hará unos cuatro años. Baste este dato como prueba de nuestra sólida amistad, porque yo no me voy a la cama con cualquiera. Para terminar, os damos las gracias a todos los que nos visitáis regularmente, porque sin vosotros nada de eso tendría sentido. Mil gracias, Tarón, Walrus, Blas Deker, Talius, Opal, gente de Ultraplayback, Mendetz, Focomelos, José M. Raventós, Vigalondo, Acelgafrita, Lametones, mierderos de Artesonado, Master Boschian, profesores, buenos y malos, de la Facultad, y tantos otros a los que, por cuestión de espacio, no es posible mencionar. Y pido disculpas, cómo no, por el tono sensiblero y tierno de esta primera editorial. Es la edad, caballeros, que no perdona nunca.

 

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