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Larry Coryell Quartet: Air Dancing

 

Crítica realizada por Sincuidado

 

Disco: "Air Dancing"

Intérpretes: Larry Coryell, guitarras; Stanley Cowell, piano; Buster Williams, contrabajo; Billy Hart, batería.

Discográfica: Jazzpoint

Año: 1988

 

Grabado en directo el 4 de Junio de 1988 en el “Magnétic Terrace” de París, este CD es, sin duda, una agradable sorpresa en la abundante discografía del buenazo de Coryell. Y lo es porque en él Larry se revela como lo que es: un maestro de la guitarra moderna, pero sobre todo, aunque a veces nos haga olvidarlo, un gran jazzman.

Encontramos aquí una deliciosa sesión de bop plenamente actual. Sin dejar de recoger y aportar uno solo de los hallazgos musicales de las diversas fusiones y experimentos que hasta el momento había llevado a cabo, tanto en el fraseo de los solos como en las mismas composiciones, Coryell se muestra aquí maduro, jovial y vigoroso, en el contexto del clásico cuarteto de bop. Los acompañantes que busca para ello son excelentes, destacando el pianista Stanley Cowell. Tete Montoliu decía que no le gustaba tocar con guitarristas porque se duplicaban funciones en el grupo y al final acababan estorbándose. No es así en este disco, donde la conjunción armónica y el intercambio de ideas y motivos, con especial uso del contrapunto, entre Coryell y Cowell, es uno de sus puntos fuertes.

Siete cortes, casi todos composiciones de los miembros del cuarteto y algún estándar.

Tanto en tiempos fuertes como en baladas y tiempos medios, la música fluye relajada y placentera, transmitiendo una poderosa sensación de facilidad. Asimismo, todas las composiciones son muy bellas y modernas, con armonías muy abiertas, lo que, soportado por un swing que, por evidente, no es menos eficaz, hace un disco auténticamente redondo y sutil. Destaca sobremanera el cuatro corte, una bonita balada de Stanley Cowell dedicada a su hija. Y sutil por cuanto este no es un disco impactante, de esos que te dejan sin aliento pero a los cuatro días ya cansan, sino de aquellos que, sin darte cuenta, oyes con mucha frecuencia durante años. Se trata de una feliz obra de madurez de un músico ecléctico que nos ofrece el resultado de su periplo musical anclándose al bop sin hacer arqueología.

En la contraportada, Coryell habla de lo placenteros que fueron los conciertos de la minigira que dio lugar a la grabación, por volver a tocar con viejos amigos sin otra pretensión que el placer mismo de hacerlo.

Han conseguido que el placer sea también nuestro al escucharles.

 

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