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John McLaughlin: Belo Horizonte

 

Crítica realizada por Sincuidado

 

Disco: "Belo Horizonte"

Intérpretes: John McLaughlin, guitarra española; Katia Labeque, piano y sintetizadores; Francois Couturier, Fender Rhodes y sintetizadores; Jean Paul Celea, contrabajo, François Jenneau, saxos; Tommy Campbell, batería; Jean Pierre Drouet, percusión; Steve Sheman, percusión; Paco de Lucía, guitarra española.

Discográfica: Warner Music

Año: 1982

 

El siempre brillante, inquieto, innovador y, lo reconozco, a veces cargante y disperso, virtuoso de la guitarra John McLaughlin, publicaba en 1982 este disco, el primero para Warner después de años de trabajar para Columbia. En su momento se distribuyó ampliamente en LP, desapareciendo de las tiendas durante un par de lustros hasta que, por fin, se ha reeditado en el formato CD. Estas dificultades de distribución parecen obedecer a las todavía malas relaciones de McLaughlin con Warner, para la que solo publicó éste y otro disco posterior, casi tan bueno, con la misma formación.

Después de una variada y ya larga carrera como guitarrista, en los más variados estilos y contextos musicales, fusiones, etcétera, más o menos sobre la edad de cuarenta años, McLaughlin publica este álbum singular, dejándonos a sus muchos admiradores con un palmo de narices.

A la sorpresa le acompañó el disfrute, porque este es un disco que hace disfrutar incluso a los que no pueden ver a este tipo ni en pintura.

En primer lugar llamaba la atención el hecho de que tocase únicamente la guitarra española. Por así decirlo, la guitarra mas “acústica”. En segundo lugar llamaba la atención un McLaughlin sorprendentemente relajado, luminoso y preciosista. En tercer término, la elección de los músicos e instrumentos acompañantes; un puñado de solventes franceses desconocidos hasta entonces, tocando instrumentos acústicos en su mayoría, salvo los sintetizadores usados, eso sí, de modo muy contenido y transparente.

Se trataba, sin duda, de un disco de la tan denostada por entonces “fussion”, sin dejar por ello de ser un disco de verdadero jazz en lo más profundo. ¿Cuáles son sus virtudes, cuáles sus sorpresas?

Para empezar, como hemos dicho, un guitarrista ahora relajado, alegre y preciso, sin perder virtuosismo cuando es necesario, pero sin caer en los atropellos y obscuridades gratuitas demostrativas de no se sabe qué, o meramente comerciales, de sus inicios.

Todo ello acompañado de un sonido nuevo y especial, derivado de la apuesta que hace de la guitarra flamenca como instrumento de jazz. Son remarcables los arranques en falsetas de varios temas, arranques algo aflamencados pero de lenguaje inequívocamente jazzístico. En definitiva, una actualización de las enseñanzas de lo “modal” de su maestro Miles y, sin duda, de su fructífera, para ambos, colaboración con Paco de Lucía, con el que toca el último de los cortes.

Una refinada instrumentación dotada de una dinámica característica. Tanto las intervenciones de los percusionistas, puntualizando sin sobreponerse, y en especial el melódico sentido del swing que demuestra el contrabajo. El diálogo en contrapunto entre el solista, teclas y bajo del séptimo corte: “Zamfir” se convierte en el tema en sí. Un tema de una belleza y aparente sencillez deliciosos.

Pero si  tuviésemos que resumir en dos palabras este bello álbum, nada sería más fácil. Nos bastaría con hacerlo con el título del tercer corte: “Very Early” de Bill Evans, a quien McLaughlin homenajea aquí, siendo toda una declaración de principios e intenciones.

Finalizando, recuerdo a propósito que en los días siguientes a la adquisición de este disco comentaba continuamente con mi hermano que era uno distinto a los anteriores de McLaughlin, incluso en la portada. ¿Cuál sería la causa de todo ello? Meses después, mirando a vuelapluma la contraportada, al final de los agradecimientos, descubría una dedicatoria:

“POUR KATIA”

Y es que, aunque a veces lo parezca, no solo de Jazz vive el hombre...

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