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Pat Metheny Rejoicing

 

Crítica realizada por Sincuidado

 

Disco: "Rejoicing"

Intérpretes: Pat Metheny, guitarras; Charlie Haden, contrabajo; Billy Higgins, batería.

Discográfica: ECM

Año: 1984

 

Metheny es, junto a los Marsalis y alguno más, una de las voces más influyentes del jazz de hoy. Ha logrado la aclamación tanto de la crítica como del público sobre todo por su trabajos de fusión.

Sin embargo, en una entrevista a la revista “Guitar Player” de hará dos años revelaba un secretillo significativo: la prueba que todos los músicos aspirantes a formar parte del Pat Metheny Group debían superar, fueran o no norteamericanos, era tocar a su satisfacción en unas cuantas “jam sessions” del más estricto Bebop, con él mismo y el resto de la formación.

Quizá esto sea sorpresivo para algunos, sin embargo no para quien en su momento escuchó con atención este trabajo, el mejor de Pat hasta la fecha y sin duda el más jazzístico.

No faltan aquí, empero, las cualidades que le hicieron célebre: su virtuosismo, un uso desprejuiciado e inteligente de la tecnología, su especial sentido de la armonía y la melodía, su talento para la composición y los arreglos junto con su deslumbrante sentido del “sonido”.

Esto por sí solo puede ser muchas cosas, pero en el formato de trío, soportado por un tremendo y modernísimo “swing”, sólo puede ser jazz de alto voltaje. Nada más y nada menos.

Se reúne con un par de antiguos y talentosos amigos, escoge unas cuantas piezas de Ornette Coleman, Horace Silver y propias e improvisando se dedican a “swingar” regocijándose.

Se trata de un disco divertidísimo, tanto por su sentido rítmico como por la locura de matriz “free” de los fraseos en los solos, tanto de Metheny como de Higgins, en constante dinamismo, con un bajista no menos inspirado que aporta sugerencias melódicas de continuo.

Se abre con una soberbia versión de “Lonely Woman” de Horace Silver en guitarra acústica, intensamente premiosa e hipnótica. Siguen cuatro piezas más, tres de Ornette Coleman y un blues de Haden en el contexto típico de trío.

Cierran tres bellas piezas de Metheny inclasificables, entre el free, la tecnología y la fusión sinfónica. Toda una demostración de capacidad y de apertura de nuevas vías expresivas para el jazz.

Pat Metheny es sin duda un guitarrista ecléctico, pero con este disco se revela como lo que siempre fue: un gran “jazzman”.

 

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