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ETNOLOGÍA AFRICANA

 

Los Sanxhii eran una banda nómada de cazadores-recolectores que se movía por el sureste del Sudán. La base de su subsistencia consistía en la recolección de un tipo de castaña, muy abundante en la zona, y algún que otro león, cuando los dioses de la sangre y de la caza les eran propicios. Para conseguirlo, los Sanxhii realizaban un complejo ritual que duraba tres lunas y en el que la base del maquillaje era el antimonio.

Mujeres Sanxhii recolectando castañas.


En efecto, los Sanxhii conocían la existencia y propiedades de este elemento gracias a un antepasado mítico que era alquimista y cuya correspondencia con Ramón Llull se conserva todavía. Cuando en 1965 una compañía británica se interesó por la explotación de los yacimientos de antimonio, los grupos defensores de los derechos indígenas se les tiraron encima, acusándolos de querer reproducir la estructura colonial. Sostenían que debía protegerse el modo de vida de los Sanxhii, alegando que constituían una pieza museística, puesto que habían mantenido sus costumbres y creencias tras la colonización. Conceder el derecho de explotación industrial de las minas de antimonio sería perjudicial para la castaña y, por lo tanto, para la economía de subsistencia de los Sanxhii, que se verían obligados a convertirse en obreros de la mina.

Los Sanxhii no se dejaron influenciar por la llegada del hombre blanco.


Sin embargo, los Sanxhii deseaban que la empresa prosperara ya que necesitaban grandes cantidades de antimonio para desarrollar un prototipo de batería en el que estaban trabajando. En una entrevista concedida tras vender la patente a IBM, el precursor del invento afirmó: “esos trastos [los ordenadores] pueden estar muy adaptados a la american way of life pero para los que somos nómadas son un coñazo. A ver si con esto desarrollan de una puñetera vez la tecnología portátil

En el centro de la imagen pueden ustedes ver al creador de la batería.


Aunque han conservado la mayoría de sus tradiciones ancestrales, los Sanxhii son ahora un pueblo rico y, paradójicamente, sedentario.

 

Para mostrar su prosperidad a las tribus vecinas, los hombres Sanxhii llevan elegantes sombreros y las mujeres se operan los pechos.


Un fenómeno curioso que ha llamado la atención de muchos antropólogos es el hecho de que ya no comen castañas en absoluto. La antigua base de su subsistencia se ha convertido en tabú. Según cuenta M. Lynch en Los Sanxhii, alma de antimonio, el xamán comentaba al respecto: “Estábamos hartos de comer tantas castañas, ¿por qué se piensan ustedes que en Occidente sólo las comen por Todos los Santos?

 

El brujo Ganura prohibió institucionalmente la ingesta de castañas.

 

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