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BOBLI BLOMBO

 

Roger Mendes, un biólogo de la Universidad de Connecticut, publicó en 1992 un ensayo titulado “Ser gordo en una sociedad globalizada”. En esta obra, Mendes denunciaba las discriminaciones que había sufrido a lo largo de su vida por el hecho de ser gordo, y negaba rotundamente que la obesidad fuese una patología. La obra fue duramente criticada en su momento: “que le miren mal en los semáforos, doctor Mendes, no justifica su apología de la gordura ni convierte la grasa en el mejor amigo del hombre”, escribió un reputado endocrinólogo de Princeton. Las críticas no hicieron más que radicalizar la postura de Mendes, que contraatacó dos años después con un artículo en el que defendía que los gordos eran una especie animal distinta, obligada por la fuerza a asemejarse al hombre y a adaptarse a su entorno social y cultural. Esta vez, Mendes no recibió ninguna contestación. Todos tenían claro que había perdido el juicio.

Tras cuatro años en la sombra, Mendes publica, bajo el seudónimo de Bobli Blombo, el primer diccionario Lombo-Inglés. En la presentación del libro, insiste en la existencia de una especie distinta a la humana que tiene que reconocerse como tal. Por eso propone un nuevo idioma para los gordos, el lombo, cuyo principal objetivo será ayudar a construir una nueva cultura y un nuevo contexto social en el que la llamada obesidad mórbida sea considerada “la constitución física normal y corriente de los lombos”.

Bobli Blombo.

En 1998, Mendes recibe una herencia millonaria de su familia y con ella consigue comprar una pequeña isla deshabitada del Pacífico. Allí se instala con su esposa y sus cuatro hijos, dedicándose a perfeccionar el nuevo idioma y a reclutar a otros lombos para fundar una nueva civilización. El buen clima de la isla Balomba y la tranquilidad que en ella se respira facilitan la labor de Bobli Blombo, que en poco más de cuatro meses consigue que se instalen en la isla once familias de lombos. Todos ellos se acostumbran pronto a la lengua lomba, convencidos como están de que forman parte de una nueva especie animal, con hábitos e inquietudes propias.

Los primeros problemas surgen cuando Gilbert Grant, un ingeniero canadiense, solicita su ingreso en la comunidad lomba. Grant pesa ochenta kilos, pero su aspecto no es en absoluto el de una persona obesa. “Grant no es lombo”, afirma Blombo después de denegar la petición del canadiense. “Le respetamos, pero no puedo permitir que viva entre nosotros, porque tampoco aceptaría que un delfín se instalara en mi bañera, o que una serpiente fuese la compañera de pupitre de mi hijo”. Para evitar conflictos parecidos, Blombo difunde un nuevo lema: “galumbi bambula blombi bú”, que traducido al español significa “los gordos con los gordos y los hombres con los hombres”. Los lombos aceptan la doctrina de Bobli Blombo: ya han vivido suficiente tiempo confundidos con otra especie como para permitir que la situación se reproduzca de nuevo en su pequeño oasis.

La fortuna de Blombo permite que los lombos vivan unos meses sin tener que preocuparse demasiado por su supervivencia. Sin embargo, pronto es necesario buscar fuentes de abastecimiento. Con la ayuda de Borolí Balada, que había sido un experto agricultor en el sur de Florida, Blombo convierte la isla en un enorme huerto de tomates y otras hortalizas. Toda la producción que los lombos no consumen, la exportan a otros países. Los tomates lombos no son especialmente buenos, pero el hecho de que sean cultivados por una nueva especie animal los hace muy atractivos fuera de la isla.

El sustento económico de los lombos acaba siendo, al mismo tiempo, la principal causa de su extinción. Todos ellos pasan a alimentarse básicamente de verduras, hortalizas y fruta, y empiezan a perder peso en pocos meses. Bobli Blombo asiste aterrorizado a su propia transformación física: ya no es aquel tipo enorme e hinchado que había sido capaz de arrastrar a las masas, y nunca mejor dicho. Ahora no pesa más de setenta kilos, al igual que todos sus compañeros de especie. ¿Qué les distingue ahora de los humanos? ¿Pueden seguir sintiéndose lombos? Rendido ante la evidencia, Bobli Blombo reconoce que los lombos no pueden vivir al margen de los hombres porque es precisamente su sociedad la que les mantiene gordos. “Balablú bil bele barale”, exclama Blombo en su último discurso oficial. En él se ve obligado a admitir que los lombos están condenados a convivir con los humanos, pero confía en la posibilidad de convencer a la especie amiga de que ellos tienen su propia manera de vivir y de expresarse. Bobli Blombo vive ahora en un rancho tejano y ha recuperado su antiguo nombre. Recientemente, asistió ilusionado al parto de Bobby, su quinto hijo, que pesó tres kilos y quinientos gramos.
 

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