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WERDEN CONTRA WERDEN

 

A Alexander Werden siempre le había molestado tener un hermano gemelo. Le quería, por supuesto, pero el hecho de que le confundieran con Victor tan a menudo le había amargado la infancia. Las similitudes con su hermano no iban más allá de la mera apariencia física. En realidad, sus personalidades eran diametralmente opuestas. Alexander era el muchacho serio, tímido y retraído que ahuyentaba a las muchachas, y Víctor era el chico despreocupado, temerario y chistoso al que todos querían. Cuando la gente confundía a Alexander con Víctor y descubría el error, se mostraba contrariada e intentaba camuflar sin éxito la decepción. Una decepción que hundía a Alexander, que le hacía sentir que no valía nada. Él era el aburrido, el muermazo. Víctor era el tío enrollado. Era la jodida copia bien hecha.

La suya era una felicidad fingida.

Alexander estudió medicina y Víctor, que desde siempre había querido formar un grupo de Rock, cambió de idea en el último momento y dijo que sería actor. Sus caminos se separaron, Alexander se mudó a Wellington para ejercer de pediatra en una consulta privada y le perdió la pista a su hermano. Sin embargo, el contacto entre ambos se reanudó de la manera más inesperada el 29 de Enero de 1997. Aquel día, Alexander llegó temprano a su despacho y, después de acomodarse, le pidió a su secretaria que hiciera pasar al primer paciente del día. Era un niño de seis años con la pierna rota. La criatura entró con su madre, y cuando el doctor Werden levantó la vista para saludarles, ambos gritaron horrorizados y se fueron corriendo por donde habían venido. Werden nunca había visto correr tanto a un niño con la pierna rota. Asustado y confundido, preguntó a la secretaria qué demonios podía haber ocurrido, y la mujer le habló del doctor Junk. Junk era el personaje de una serie de televisión que habían estrenado la noche anterior. Un psicópata que perpetraba todo tipo de salvajadas a los pacientes de un hospital sin que nadie sospechara de él. Por supuesto, Víctor era quien interpretaba al cirujano sádico, y Alexander, que vivía ajeno a los medios de comunicación, había tenido que enterarse por su secretaria, pues su hermano no se había tomado la molestia de informarle y advertirle de los efectos que tendría todo aquello. Víctor nunca pensaba en los demás ni en las consecuencias de sus actos. Cuando Alexander le contó lo sucedido por teléfono, él empezó a reírse como un loco, y siguió riéndose después de que Alexander hubiera colgado furioso el aparato. En pocas semanas, la lista de pacientes del doctor Werden se redujo a la mitad. Incluso los padres de los recién nacidos preferían acudir a otro doctor. Aunque estuvieran al tanto de la situación, les daba cosa tratar con Werden, y en cierto modo era una actitud comprensible. ¿Qué podía hacer Alexander para huir de la influencia de su hermano? ¿Someterse a una operación de estética? ¿Irse a vivir a Europa con la esperanza de que la serie no traspasara fronteras? Tras mucho pensar, al doctor Werden se le ocurrió una solución mucho mejor para acabar con Junk y vengarse al mismo tiempo de su hermano, hundiendo su reputación.

Era una mañana soleada del mes de Febrero. La ciudad resplandecía como nunca. Alexander había cerrado su consulta unos días y ahora deambulaba nervioso por una de las calles más transitadas del centro. Cuando hubo reunido el valor necesario, empezó a desvestirse lentamente delante de todo el mundo. En pelota picada, ya sin poder dar marcha atrás, Werden invadió la calzada, interrumpió el tráfico y, subiéndose encima del capó de un coche, empezó a bailar frenéticamente como si hubiera perdido la cabeza. “¡Este es el baile del pene saltarín, este es el baile de la polla revoltosa, miren cómo salta y trepa, tan hermosa!”. Mientras cantaba esta canción improvisada, centenares de personas le observaban atónitas. “Es el que hace de doctor Junk”, gritó una señora escandalizada. Era justo lo que Werden quería: por una vez, le estaban confundiendo con Víctor y no se sentía triste sino eufórico. Cuando el espectáculo hubo llegado a su clímax, y antes de que aparecieran las autoridades, Werden se fue de allí corriendo tanto como pudo y volvió a vestirse en un portal oscuro, resguardado de la multitud.

El día siguiente Werden compró el periódico emocionado, pero la noticia que leyó en la portada era ligeramente distinta de la esperada: “Victor Werden, el actor que encarnaba al célebre Doctor Junk, muere en un accidente de tráfico. Pocas horas más tarde, su hermano enloquece y organiza un altercado en pleno centro urbano”. El doctor Alexander Werden, pálido como nunca, se sentó en el suelo, dobló el periódico por la mitad y lloró hasta el fin de los tiempos.

 

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