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EL PRIMER ASTRONAUTA PORTUGUÉS

 

En 1957, en un pueblo cercano a Lisboa, nació Joao Plasmao, el primer astronauta portugués. Ya desde pequeño, Plasmao mostró una curiosa afición por los estados de ingravidez. Cuando no era más que un bebé de seis meses, aprendió a caminar apenas sin tambalearse, y a los dos años de edad ya bajaba regularmente las escaleras saltando los escalones de dos en dos. Poco a poco fue perfeccionando su técnica, y en Enero de 1960 era perfectamente capaz de saltar seis peldaños de golpe y sin parpadear. Sin embargo, dos meses después sufrió una grave caída al intentar practicar un salto en la escalera mecánica de un centro comercial, fracturándose tres costillas y sufriendo una abolladura en el hígado.

Plasmao a los once años, delante de una cortina de baño

Los padres de Plasmao quisieron cambiar el hábito que tenía su hijo de saltar los peldaños de las escaleras de seis en seis, motivo por el cual le regalaron una cama elástica. Su estrategia funcionó, y el joven Plasmao se olvidó de las escaleras y se aficionó a saltar en la cama elástica que le habían instalado en la habitación. En poco tiempo consiguió abrir con la cabeza un boquete de dos metros en el techo, y sus saltos resultaban cada vez más espectaculares. Plasmao descubrió que había nacido para vivir eternamente suspendido en el aire. Hasta entonces, sólo había conseguido estar eternamente suspendido en la asignatura de religión.

En 1972, el astronauta americano John Ripollez sufrió un ataque de obesidad, y la NASA se vio obligada a buscar un sustituto para su misión de exploración espacial. Fue entonces cuando Joao Plasmao se convirtió en el primer astronauta portugués. En Marzo de 1973, Plasmao efectuaba su despegue desde la base espacial de Canheidas, ante la expectación de todos los portugueses. Por desgracia, cuando ya estaba en órbita alrededor de la Tierra, se dio cuenta de que no recordaba si había cerrado el gas de la cocina. La misión tuvo que ser abortada, y no se reinició hasta 1975. A pesar de ello, el segundo intento fue un éxito rotundo, y Plasmao estuvo cinco meses flotando en el espacio y realizando tareas de observación. Sin embargo, pronto se aburrió y empezó a echar de menos a su cama elástica, así que les dijo a las autoridades de la NASA lo siguiente: “aquí en el espacio todo está muy quieto, y siempre me toca a mí poner la mesa”. Los responsables de la misión, viendo la falta de motivación del astronauta, decidieron bajarle de nuevo a la Tierra.

Joao Plasmao en la NASA, pasando la revisión médica

Desgraciadamente, al regresar, Plasmao se dio cuenta de que había olvidado las conclusiones de su estudio en la guantera de la nave, que había sido destruida en el contacto con la atmósfera. Pese a ello, el astronauta portugués obsequió a la comunidad científica con una sabia reflexión: “parece que fuera de la Tierra hay más cosas, lo que pasa es que se ve todo muy negro”.

 

 

 

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