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UNA EXTRAÑA COLONIA EN MARTE

POR ZEUS CRÓNIDA

 

Después de un viaje de aproximadamente seis meses, la nave espacial americana entró en una órbita superior en Marte. Culminaban así los esfuerzos de más de una década, realizados conjuntamente con la agencia espacial europea, china y el patrocinio de los emiratos árabes unidos. La nave, maravilla de precisión técnica, parecía deslizarse atravesando las capas más externas de la atmósfera planetaria, consiguiendo así frenar su velocidad. Una vez se consiguiese una órbita estable, el vehículo de tierra, o quizás sería mejor llamarlo marciano, se posaría en el lugar elegido con anterioridad.

La cápsula de aterrizaje recibía el nombre en clave de MALASHU, acróstico de “MArs LAnding SHUttlecraft”. En la primera fase de desacople no se detectó ningún problema, por lo que el control de la misión dio luz verde a la siguiente. Los dos astronautas pasajeros de la MALASHU se prepararon para un descenso algo menos movido que el terrestre. Ambos sabían que cada minuto, cada centímetro que se desplazaban eran hechos que la historia recordaría: el primer paso humano en un planeta diferente a la Tierra.

El lugar de aterrizaje no era del todo desconocido para los miembros de la expedición. De hecho, todos los interesados en el planeta rojo lo conocían: el sitio escogido era el de la misión Sojourney, realizada unos cuantos años atrás, donde un robot llamado Pathfinder había realizado el primer recorrido interactivo de la superficie.

El momento histórico del primer hombre sobre la superficie de Marte pasó sin ningún problema aunque con muchos nervios. El astronauta de primera Lindon Emerett, un sudafricano negro de treinta años y padre de familia fue el escogido. No queriendo imitar en modo alguno a la anterior situación histórica dada en la Luna, Emerett decidió saltar de la MALASHU con ambos pies, clavando la bandera de las Naciones Unidas en una especie de “más difícil todavía”. En un principio, los ingenieros de trajes de la NASA habían protestado por el gran estrés que soportarían las junturas del traje espacial, pero los políticos insistieron. Por otra parte, también se llegó a un acuerdo sobre la primera frase histórica, por lo que Emerett dijo casi recitando: “Hacia el infinito, y más allá”. Lamentablemente, la productora de cine Buenapista (propiedad de una conocida multinacional de entretenimientos y dibujos animados) demandó a la IASA y la Agencia Nacional Aeroespacial Estadounidense por vulnerar derechos de copyright. Al parecer en una de sus películas uno de los personajes decía exactamente lo mismo.

A pesar de este malentendido que deslució un poco tan importante momento, los astronautas estaban pletóricos de buen humor ante su misión. Todo en el ambiente hacía presagiar que algo muy especial podía acontecer en cualquier minuto. En este estado hicieron el descubrimiento más importante del siglo, una prueba que convenció a los más escépticos y que redujo las aspiraciones de los más exagerados. Fue el acompañante de Emerett, Aníbal Smith, comandante del módulo MALASHU, quien realizó el descubrimiento.

Cerca de las rocas que sirvieron de telón de fondo al Pathfinder encontró un objeto de extrañas formas, claramente artificial. La anterior misión robótica estuvo a punto de fracasar cuando el teleoperador empotró el robot contra una enorme roca, un hecho asombroso dada la increíble velocidad del robot de no más de dos metros por hora. Pues bien, justo detrás de esa roca se encontró el objeto, lo que induce a pensar que era sólo cuestión de tiempo que se encontrase.

El objeto en cuestión podía cogerse perfectamente con una sola mano, destacaba del resto del paisaje por su color azul oscuro y era más alto que ancho. El objeto, de formas redondeadas, era claramente artificial, y contenía una especie de líquido. Tanto Emerett como Smith comprendieron inmediatamente la importancia de este descubrimiento por lo que lo depositaron en un contenedor de muestras y casi inmediatamente dieron por terminada su misión.

Tras el viaje de regreso, los grandes científicos mundiales, todos ellos españoles pero residentes en EE.UU., estudiaron con más detalle ese objeto claramente alienígena. Encontraron una protuberancia en la parte superior del objeto que fue clasificado como una especie de dosificador del líquido interior. Asimismo, el objeto pasó a denominarse Contenedor de Origen Alienígena Uno, por motivos burocráticos.

Tras arduos meses de estudios opiniones de todas partes surgieron, amenazando con desvirtuar la claridad del mensaje enviado por seres que tanto podían ser de Marte como de cualquier otro lugar galáctico. Algunos abogaban por la teoría del arma biológica, otros por el maná que los extraterrestres nos enviaban del cielo. Todo esto contribuyó en aumentar la expectación por las declaraciones oficiales.

El día señalado llegó, y un representante del consejo de sabios despejó todas las dudas en una frase que se ha convertido ya en cita histórica, más recordada que la del pobre Emerett: “Los alienígenas nos han mostrado su existencia mostrándonos su esencia con un perfume”.

Actualmente el perfume alienígena se comercializa con un cierto éxito en las tiendas del Corte Finlandés, y amenaza con desbancar a las de Pako Rabban en la lista de más apreciadas por el día del padre.

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