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DIGNIDAD POSTMORTEM

 

Es poco probable que conozcan a esta señora, a no ser que estén vinculados al negocio de las funerarias. Se trata de Cyntia Trainer, una ama de casa de sesenta años que ha llegado a convertirse en una pesadilla para las grandes empresas que se dedican al mantenimiento de cementerios y demás tareas relacionadas con cadáveres. Todo empezó cuando Trainer visitó la tumba de sus padres, enterrados uno al lado de otro, dándose cuenta de que entre los dos sepulcros había crecido un arbusto que, en palabras de la propia Trainer, “hacía que no se pudieran ver el uno al otro, tal como ellos habían establecido antes de su muerte”. Trainer denunció a la empresa encargada del cementerio, y el hecho de que las autoridades acabaran dándole la razón la animó tanto que la mujer se convirtió en una defensora a ultranza de los derechos de los muertos: “en una época en la que la gente huye del compromiso, es muy fácil que la voluntad de los muertos no sea tenida en cuenta, a no ser que alguien se encargue de forzar a las empresas a que cumplan con su deber. Esta es mi tarea precisamente: salvaguardar la dignidad de los muertos”.


La gente huye del compromiso.

Cyntia Trainer alcanzó la fama cuando ganó un pleito contra la empresa Stevenson Brothers, que fue obligada a trasladar cincuenta cadáveres enterrados en el cementerio de Martha’s Vineyard. “Aquella gente había pagado más dinero a cambio de una tumba con vistas al mar. Cuando construyeron el hotel de doce plantas, aquellas vistas al mar desaparecieron, pero los muertos seguían allí, reposando delante de una pared de cemento. Estaba claro que debían ser trasladados”. Después de haberse realizado el traslado, Trainer exigió que se inspeccionaran uno a uno los cadáveres, afirmando que tenía la temible sospecha de que muchos de ellos se habían enterrado al revés, es decir, de espaldas al mar. A raíz de aquella inspección, tuvieron que enterrarse de nuevo seis cadáveres.

Recientemente ha salido publicada en los periódicos una noticia que les habrá encantado a los responsables de la Stevenson Brothers. Al parecer, el marido de la señora Trainer, sin duda un hombre vengativo, dejó escrito en su testamento lo siguiente: “Cyntia, querida mía, mi último deseo es que me incineren y que esparzas mis cenizas en Internet”. Ahora este señor ha fallecido y Cyntia Trainer está desesperada. Ni siquiera los responsables de Google han podido ofrecerle soluciones convincentes.

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