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OPEN MARLBORO

 

Peter Bifore está a punto de terminar su segunda novela, aquella a la que todos sus amigos llaman PUTA NOVELA o, en ocasiones, JODIDA MIERDA EN LA QUE ESTÁ METIDO. Y ello es motivo de júbilo, pues la novela en cuestión, la que le consolidará definitivamente como AUTOR, lleva más de un año y medio resistiéndose. Se resiste tanto que Bifore no deja que nada le distraiga y se niega a llamar a sus amigos y se niega a salir y a follar y a veces incluso se niega a comer para no tener que abandonar su estudio. Cuando ya tenía escrita la mitad del material y cuando, en sus propias palabras, “había cogido carrerilla”, Bifore cometió el error de pararse a leer para no contaminarse de su propia prosa. Y entonces descubrió a un tipo (Mills o Hills, no recuerda ni quiere recordar su nombre) que es realmente BUENO y que le hizo pensar que todo lo que llevaba escrito lo había dicho EL OTRO de una forma mucho más BELLA. Por coherencia y por honestidad, Bifore tuvo que empezar de cero, buscando algo distinto, algo NUEVO. Y tres meses después, habiendo rectificado el rumbo con otras sesenta páginas escritas, se dio cuenta de que estaba demasiado agotado y de que no podía descansar. Se tumbaba en la cama dispuesto a dormir plácidamente y entonces se veía a sí mismo sumergido diez metros bajo el agua con un disfraz de buzo observando atónito el océano; y en aquel instante, NI ANTES NI DESPUÉS, se le ocurría una idea buenísima para una trama de su novela o incluso para un relato breve independiente, y quería nadar hacia arriba para anotarla en su libreta, pero el recorrido era largo y se daba cuenta de que cuanto más subía más rápidamente olvidaba aquella idea tan buena, de modo que, de regreso a la superficie, sólo era capaz de escribir con manos temblorosas por la falta de aire JODER, OTRA PUTA PESADILLA. Esta situación (se regocija ahora recordándolo) le llevó a decir en una entrevista que el suyo era un talento EXCLUSIVAMENTE ACUÁTICO, cosa que, evidentemente, nadie pudo entender y que ayudó a dotar al AUTOR de esa ininteligibilidad que tanto vende.

Bifore tocando las maracas con un colega el día de la publicación de su primera novela "Lo sentit de la becada".

Ahora los momentos más difíciles para el sufrido escritor parecen haber terminado. Sólo falta escribir la ÚLTIMA PALABRA de la maldita novela, concretamente un adjetivo, un buen adjetivo que cierre la obra de forma memorable. Pero hay algo que rompe la concentración. Es un ruidito de fondo que llena el estudio y que, aun siendo casi imperceptible, resulta de lo más perturbador. Es un zumbido agudo y persistente que no desaparece ni metiendo la cabeza bajo el agua. Porque está en la cabeza. Porque es un murmullo que genera su cerebro, el cerebro de un escritor cansado y obsesivo. Y es entonces cuando Bifore acude a su amigo el psiquiatra para que le recete algo, una pastilla que elimine el silbido sin mermar sus cualidades de escritor talentoso. “¿Y cómo es ese ruido?”, le pregunta el tipo. Y él intenta describirlo, que de eso sabe un rato. “¿Y lo oyes ahora?”. “Si te callas, sí”, responde. Y ambos restan mudos, escuchando. Pero entonces viene lo bueno, lo realmente alucinante: resulta que el psiquiatra OYE EL RUIDO, tal y como el otro lo ha descrito, igualmente persistente e igualmente molesto. Llama a la recepcionista: “haga el favor de apagar el aire acondicionado”. Y después: “haga el favor de sentarse aquí y díganos si oye algo”. Y al cabo de un momento la mujer también escucha el ruido, aunque no es capaz de describirlo tan bien como hizo el brillante escritor. Se comprueba, pues, que el sonido existe, que no es una invención ni una ficción ni una maldita paranoia. Incluso cuando bajan a la calle lo siguen percibiendo con la misma intensidad. ¿Pero qué clase de aparato o de animal o de cosa será capaz de generar ese chillido atenuado? La pregunta circula velozmente a través de la ciudad, la población se asusta al darse cuenta de eso tan raro que se oye cuando todos callan, cuando nada más lo eclipsa. EXPERIMENTOS NUCLEARES O FUERZAS DESCONOCIDAS, PUEDE QUE ALIENÍGENAS, aseguran algunos imprudentemente. FENÓMENO FÍSICO INEXPLICADO, lo llaman los presentadores bien vestidos del telediario de las nueve. Pero nadie sabe nada. Y todos permanecen atentos, la gente escuchando en los salones y en los autobuses, los expertos midiendo la intensidad del ruido, siempre constante, y el escritor intentando elegir el jodido adjetivo para su novela. Hasta que, inesperadamente, el pitido cesa de repente. Nada parece haber cambiado, nada raro se ha movido, pero el ruido misterioso, tal y como vino, se ha marchado. Las autoridades se mantienen expectantes y la población intuye que algo gordo va a ocurrir. Pero Bifore vive ajeno a toda esta tensión que flota en el ambiente porque ahora, NI ANTES NI DESPUÉS, ha sido capaz de elegir, tras meses y meses de lucha continuada, el adjetivo que coronará y que dará nombre a su segunda y aclamada novela: PAJILLERO.

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