Atrás | Siguiente

 

EL DÍA DEL SEÑOR RIVEIRAS

 

Paquito Riveiras entró en la consulta del doctor Rodrilguen dispuesto a recoger los resultados de unos análisis rutinarios que le habían hecho la semana anterior. Le hicieron pasar a la sala de espera, desde la cual podía verse la puerta del despacho del doctor. Después de leer por encima un par de revistas del corazón, Riveiras estuvo observando los cuadros y diplomas que colgaban de las paredes de la estancia. Justo en la pared de enfrente había un cartel informativo en el que podía leerse esto: “Hoy, día de la Fibritis Ripoide”.

Mientras pensaba en el significado del cartel, y especialmente en la foto que ilustraba el texto, se abrió la puerta del despacho de Rodrilguen, del que salió una mujer mayor con los ojos llorosos y claramente desesperada. Una chica que estaba sentada al lado de Riveiras se levantó al verla y le preguntó por lo que le había dicho el doctor. “Dice que tengo Fibritis Ripoide”, aseguró la paciente. “¿Tú también?”, exclamó la chica. Cuando las dos abandonaron la sala, hubo cierto intercambio de impresiones entre los demás pacientes que esperaban. “Menudo día hemos escogido para venir”, afirmó una señora. La muchacha de la recepción llamó a Riveiras y le hizo pasar finalmente al despacho del doctor.

Después de releer atentamente unos informes, el doctor Rodrilguen levantó la vista y, mirando fijamente a Riveiras, afirmó lo siguiente:

- Lamento tener que decírselo, pero le hemos detectado una Fibritis Ripoide. El pronóstico no es muy bueno. ¿Tiene usted familia, señor Riveiras?

- No me creo nada de lo que está diciendo, doctor. Dice usted lo mismo a todo el mundo. A todos les dice lo de la Fibritis esta, pero a mí no me va a tomar el pelo, ¿comprende?

- Entiendo su reacción, es normal que se aferre a cualquier cosa, pero cuanto antes acepte la situación, antes podrá hacerse cargo.

- Yo no me aferro a cualquier cosa. Explíqueme si no qué sentido tiene el cartel que hay afuera y que pone que hoy es el día de la Fibritis Ripoide.

- Yo no puedo hacer gran cosa por usted si adopta esta actitud, señor Riveiro.

- ¡Riveiras! ¡Me llamo Riveiras!

Riveiras salió del despacho del doctor sin despedirse. Bajó a la calle alterado y, al pasar por delante de un estanco, decidió entrar para comprar un paquete de cigarrillos. Había dejado de fumar meses atrás, pero necesitaba urgentemente algo que le relajara. Al verle entrar, el estanquero palideció. “¿Qué coño hace? ¿Por qué ha entrado? ¿Es que no ha leído el cartel?”. El hombre señaló un papel colgado en una pared de la tienda en el que podía leerse esto: “Hoy, día del atraco a mano armada”. Antes de que Riveiras pudiera reaccionar, cinco hombres armados y camuflados con pasamontañas entraron en el establecimiento amenazándole. Le quitaron el reloj de oro, la cartera y la agenda electrónica. Después de vaciar la caja y llevarse varios cartones de tabaco, los atracadores desaparecieron raudos y Riveiras se marchó también, sin ganas de quedarse allí esperando a la policía.

A la izquierda, el señor Riveiras.

Cuando estaba aproximándose al portal de su casa, se cruzó con Roberto, su hermano mayor. Riveiras le contó lo sucedido y, afortunadamente, su hermano no le tomó por loco:

- ¿Cómo has dicho que se llama la enfermedad?

- Fibritis Ripoide.

- Venga, hombre, esto no existe. ¿Cómo se llama el doctor?

- Rodrilguen. Demetrio Rodrilguen Porreiro.

- Esto es típico del Weblocke.

- ¿Del qué?

- Esos nombres absurdos son como los que salen siempre en el Weblocke, aquella página de Internet. Apuesto a que te han elegido a ti para alguna de sus historias tontas.

- ¿Tú crees?

- Estoy seguro. Te ha tocado a ti como podría haberle tocado a cualquier otro. Cuando se cansen te dejarán en paz.

Riveiras entró en el portal de su casa dispuesto a aclarar la situación. Si su hermano estaba en lo cierto, a los autores de aquella paginita pronto se les acabarían las ganas de escribir estupideces.

 

© Esponjiforme Entertainment. Todos los derechos reservados. El plagio es un delito y será castigado con la pena de muerte. No somos comunistas.

Consulten sus dudas, dirijan sus insultos y hagan efectivas sus transferencias bancarias a través de nuestra dirección de correo:

esponjiforme@esponjiforme.com