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HISTORIA DE LAS MÁQUINAS SEXUALES: LA ANTIGÜEDAD

 

El vibrador se ha convertido en uno de los electrodomésticos más imprescindibles del hogar moderno. Ninguna ama de casa actual puede siquiera concebir qué sería de ella sin él.



“Madre mía, debía ser horrible en la antigüedad. Es que no quiero ni pensarlo”

En la antigüedad no existían las pilas Duracell y los enchufes tenían problemas de compatibilidad, de modo que no tenía mucho sentido inventar los consoladores eléctricos, por lo que empezaron por el principio para irlo complicando progresivamente.

Los primeros consoladores conservados son del Paleolítico y, por estar construidos con materiales nobles como el granito, son altamente resistentes. Su durabilidad era, sin embargo, inversamente proporcional a su utilidad. Aunque la intuición y el concepto eran acertados, bien por la falta de instrumental de precisión durante, bien porque nos faltan datos sobre la morfología de nuestros ancestros, las dimensiones hoy nos parecen grotescas.



Las chicas de hoy no se lo creen.

Según Michël A. Granaud, paleontólogo francés “la brea es un lubricante natural muy resbaladizo que ya se conocía en el Paleolítico. Esto quizá hace razonable el tamaño de los obeliscos.” Gracias a la UNESCO el proximo año Granaud realizará una recreación con un grupo de voluntarios y becarias de su departamento para confirmar su hipótesis.

El racionalismo de la antigua Grecia de Pericles impedía que se pudiera concebir un simulacro de pene sin el resto del cuerpo, de modo que era necesario esculpir todo el cuerpo aunque solo se fuera a aprovechar una parte. Esto encarecía muchísimo los consoladores, de modo que solo los aristócratas podían poseer uno. Todas aquellas personas que no podían disponer de uno se apuntaban a la Academia de Platón o a la Stoa, donde se les enseñaba a prescindir de ellos. Los restos del consolador (enboltoriós) se dejaban tirados por el Ágora de cualquier manera.



Los restos de un consolador hecho por Praxíteles.

Durante el Paleocristianismo, o Cristianismo Viejuno, los paganos, que eran mayoría, prosiguieron con esta práctica. Los cristianos, que esperaban la segunda venida de Cristo para antes de la cena, se sentían extranjeros y peregrinos, y su consigna era no amar al mundo ni a las cosas que hay en él. “Cualquier tierra extraña es su patria y cualquier patria les resultaba extraña.” (San Pablo, Epist. Diognetum). Es por eso que no podremos volver a encontrar maquinas sexuales hasta el siglo XX, tras los movimientos marxistas y feministas.

 

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