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Entrevista a Ernst Portamnor

 

Apresurado por la intensidad de un frío de origen glacial, me dirijo impaciente al hotel Bergslagen, donde me espera Ernst Portamnor, uno de los filósofos europeos más interesantes y prometedores de la actualidad. Mantener una entrevista con un personaje de este tipo es un sueño para mí, teniendo en cuenta que Portamnor no acostumbra a conceder entrevistas, y menos lejos de París, ciudad en la que reside desde hace unos diez años. Llego por fin al hotel, uno de los más lujosos de Suecia, y allí en el vestíbulo me espera Portamnor, quien observa detenidamente una lámpara de cristal enorme y brillante, sin ni siquiera percatarse de mi llegada. Es un individuo alto, imponente, viste un traje gris muy elegante, que contrasta con unas zapatillas deportivas de color azul intenso. Nos saludamos y tomamos asiento en uno de los grandes sofás que pueblan la estancia. Cuando me dispongo a iniciar la entrevista, Portamnor me pide amablemente que modere el tono de mi voz, dice que le avergüenza mi habla un tanto femenina. Empezamos, pues, la entrevista, con tono pausado, e intento retener todas y cada una de las palabras con las que este genio del pensamiento me obsequia.

 

§         En primer lugar, muchas gracias señor Portamnor por concedernos esta entrevista. Me consta que no le agradan las entrevistas, es usted un individuo más bien introvertido y reservado, ¿no es cierto?

 

Bueno, la verdad es que no me desagradan las entrevistas, sobretodo cuando no intervengo en ellas. Pero sí es cierto que soy una persona reservada, especialmente en estado de profunda somnolencia.

 

§         Su estancia en Suecia está causando un gran revuelo en todos los círculos de intelectuales de esta región.

 

Sí, ciertamente es algo que suele ocurrir en los círculos. Y aunque no sé lo que significa la palabra 'revuelo', estoy muy satisfecho de haber podido responder a esta pregunta.

 

§         Parece que, últimamente, muchos intelectuales, especialmente los filósofos, se animan a conversar con sus lectores, parece que se están poniendo de moda los ciclos de conferencias. Su compañero Martin Heidegger impartió hace poco un curso en esta misma ciudad.

 

Oh, sí, Martin Heidegger es un gran filósofo. Los amigos le llamamos "Blade Runner", por razones obvias. Es encomiable cualquier intento de hacer de la filosofía una disciplina más cercana a los no iniciados en la materia, en este sentido "Blade" ha llevado a cabo una importante tarea de divulgación. Su concepción de la metafísica tradicional me ha influido notablemente, y no hablemos de sus magistrales recetas de cocina.

 

§         Centrándonos más en su propia obra, ciertos críticos han destacado en ella una interesante mezcla del existencialismo más desgarrador con una visión no del todo desolada del ser humano. Es una combinación paradójica que, sin embargo, aborda usted con suma destreza.

 

No pretendo en ningún caso combinar visiones opuestas en un mismo sistema de pensamiento por el simple gusto de hacer malabarismos dialécticos. Es el mismo asunto del pensar, si me permite usar la expresión heideggeriana, lo que conlleva por sí mismo una reflexión trazada en una interconexión de lazos vitamínicos. Cuando un individuo cualquiera piensa en el significado del término 'hombre', requiere alguna definición sólida si quiere evitar la pérdida absoluta de tiempo. El caso es que tanto el existencialismo como el optimismo de la flojera resultan extremos que no lo abarcan todo. En este sentido, la natación es un deporte mucho más completo.

 

§         Su obra mantiene un constante diálogo con los autores más celebres del momento. En ciertas ocasiones se ha mostrado usted crítico con aquellos estudiosos que se sumergen en la historia del pensamiento sin atender al propio presente que les circunda. En sus escritos aparecen reflexiones filosóficas clásicas, pero también conceptos innovadores como el de enfrentamiento desangelado. ¿Es la noción de enfrentamiento un recurso para introducir en la filosofía nuevas categorías que no encontraríamos, por ejemplo, en la tradición aristotélico-escolástica?

 

La respuesta a una pregunta de este tipo siempre puede ser afirmativa o negativa, de modo que, muy probablemente, todo lo que diga de ahora en adelante podrá resumirse con un sí o un no, pero difícilmente se podrá expresar con un número o un símbolo cualquiera del alfabeto griego. Ciertamente, la noción de enfrentamiento está profundamente arraigada en mi filosofía, pero debo reconocer que hay días en los que ni siquiera pienso en ella. A veces pienso en el primer individuo que decidió empapelar una habitación, y algo que me tiene realmente preocupado es el hecho de poder decidir cuál será la última palabra que diré antes de morir. No es digno terminar una vida dedicada a la reflexión pronunciando la palabra 'cenicero', por ejemplo. La vida es un constructo en constante evolución, debemos procurar impregnarlo de coherencia.

 

§         La crítica a la concepción ilustrada del proceso histórico es un lugar común en las reflexiones filosóficas actuales. Cuando se refiere usted al futuro de la especie humana parece adoptar un tono más bien lúgubre e inquietante. ¿Suscribe, pues, las críticas al progreso humano enmarcado en el auge de la razón omniabarcante?

 

Si ha tenido usted la oportunidad de poseer animales de compañía, se habrá dado cuenta de que aquello que ciertos autores denominan "acontecer histórico" es en realidad una mezcla de falsa conciencia y anhelo manipulador. Debemos percatarnos de que, por mucho que nos afeitemos diariamente, una vez muertos nuestra barba crecerá libre e imparable, en una fusión exhaltante de lo orgánico con lo inorgánico. La naturaleza sigue su curso, al margen de nuestras disquisiciones o hábitos culturales. En este sentido, la incineración del cadáver es una buena práctica, si aún seguimos pensando que el proyecto de la modernidad no ha quedado del todo agotado.

 

§         En el marco de las reflexiones ético-políticas se ha mostrado frecuentemente irónico, incluso sarcástico, pero no ha abandonado en ningún caso el hábito de sorprender al lector con sentencias rebosantes de profundidad. ¿Cree que la filosofía es útil y puede incidir en la vida práctica?

 

Cuando Aristóteles hacía la clásica distinción entre vida activa y vida contemplativa, estaba pensando en una división estricta del alma humana, en que se separaba la denominada 'psyché logon' de la 'psyché alogon', también llamada 'vegetativa'. En cualquier caso, es importante darse cuenta de que, en la actualidad, en ciertos restaurantes se mezcla lo dulce con lo salado, y aún así seguimos pagando la cuenta. Lo que quiero decir es que las distinciones clásicas de los grandes filósofos pueden provocar acidez y, en ciertos casos, temblores de tierra. La filosofía es útil siempre y cuando se lleve a cabo con buenos instrumentos. Filosofar con el martillo, tal como proponía Nietzsche, es un buen método, pero el avance actual de la técnica permitiría usar también una perforadora, que es más efectiva aunque, en ocasiones, salpique un poco más.

 

§         En sus escritos reflexiona usted sobre el papel de la mujer a lo largo de la historia, y algunos de sus aforismos, ciertamente oscuros y enigmáticos, no han causado buena impresión a todo el mundo. En un pasaje de su ensayo sobre Leibniz afirma que la mujer es "peligrosa como el rayo, con paredes que queman las encías, cucarachas que aprenden a leer a oscuras". ¿Qué piensa exactamente de las mujeres? ¿Tienen razón quienes le acusan de ser un tanto misógino?

 

Muy pocos filósofos han reflexionado en sus escritos sobre las mujeres, me pareció interesante introducir en mi obra pequeños comentarios sobre el papel de la mujer y su influencia en la disposición de los muebles en ciertos habitáculos. Yo no soy misógino, si lo fuera quizá estaría tomando medicación. Lo que ocurre es que todo lo femenino me inspira desconfianza. No conozco ningún animal que se pinte las uñas y dedique más de una hora al aseo personal. Ni siquiera los hombres que se asean dedican tanto tiempo a esta labor. Yo no sé qué hacen en el baño cuando nadie las ve, sólo sé que salen de allí con las uñas pintadas. Es algo misterioso, y todo lo desconocido nos produce miedo. Una vez le pregunté a una mujer por qué se pintaba las uñas, y me dijo que lo hacía por estética. Pero entonces, ¿por qué no se pintan los dientes también? Y otra cosa aún más misteriosa: cuando ya han criado y han amamantado a sus hijos, siguen conservando sus pechos aunque no los necesiten para nada. De hecho esto también ocurre en algunos animales, pero de todos modos éstos dedican menos tiempo al aseo personal.

 

§         Lleva usted algunos años publicando, pero sus escritos no han tenido tanta repercusión como los de Heidegger o Wittgenstein, autores con los que usted mantiene algún contacto esporádico. A diferencia de muchos de sus contemporáneos, usted no ha promovido la difusión de su obra, parece que se resiste a crear escuela. ¿A qué se debe este afán de mantenerse en lo oculto?

 

Dudo que alguien sea capaz de comprender mi obra lo suficientemente bien como para no distorsionarla con su interpretación personal. Cuando un pensamiento sale a la luz y se inserta en el flujo del pensar filosófico común, alguien cae al suelo, grita y recuerda de repente que llega tarde a algún sitio. Mis obras, para ser entendidas, deberían ser leídas muchas veces en un ambiente esterilizado. Las cosas serían muy distintas si yo escribiera en hebreo. En hebreo todo se entiende a la primera, y se pueden leer las palabras tanto del derecho como del revés, sin que a nadie se le acelere el pulso. Pero yo no podré escribir nunca en hebreo porque soy zurdo, y tampoco me interesa que mi obra trascienda mientras pueda seguir pagando el alquiler. De todas formas, el hecho de que gente como usted se interese por mi obra me hace recordar que, ante todo, la higiene es lo primero.

 

§         ¿Cuál es el futuro que le espera a la filosofía, una vez refutadas las aspiraciones universalistas de la Ilustración?

 

Cuando los primeros seres humanos inventaron la rueda, los fabricantes de neumáticos cuadrados temieron por el futuro de sus profesiones. Es algo natural que se repite siempre que un nuevo descubrimiento irrumpe en el curso de la historia. Lo mismo sucedió con el descubrimiento del Nuevo Mundo, y en aquella ocasión en temor ofuscó la racionalidad de los colonizadores: muchos indios fueron convertidos en hojas de laurel, por miedo a que tuvieran algún miembro anatómico superior, que cambiara el estado de cosas europeo. Lo mismo ocurre cuando Kant decide cambiar de peluquero y la universalidad se viene abajo. Ahora debemos reconstruir todo lo que los críticos como Nietzsche han tirado por los suelos. Yo, por si acaso, prefiero no agacharme de momento.

 

§         Muchas gracias señor Portamnor por haberme dedicado una pequeña parcela de su tiempo. Supongo que estará usted muy ocupado, no quisiera entretenerle más tiempo de lo debido. Espero impaciente la publicación de su próxima obra, tengo entendido que consiste en una sistematización del concepto de enfrentamiento desangelado, que ya aparece en Purificación y exégesis.

 

Sí, supongo que en breve habré terminado esta obra, aunque a veces las cosas se complican más de lo debido. Piense que yo acostumbro a escribir de memoria, no me dedico a copiar lo que escribo de ningún libro, pues si así fuera ya tendría el libro escrito y no haría falta reproducirlo de nuevo. Lo malo de escribir una nueva obra es que, al ser nueva, tienes que escribirla de memoria. De todos modos, procuro mantener una dieta sana y no vestir con colores estridentes.

 

Me despido de Ernst Portamnor esperando poder conversar con él en otra ocasión. Al salir del hotel, vuelvo a enfrentarme al clima extremo de la Suecia invernal y recuerdo entre temblores la famosa cita del autor: "sólo en ambientes glaciales emerge de suyo la noción de enfrentamiento, el aura turbadora revolotea y recibe en la cabeza un golpe de tinaja".

 

Stephen McLatex, Suecia, 15 de diciembre de 1931.

 

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