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Enrique Lynch

Profesor de Estética de la Facultad de Filosofía de la UB

http://www.telefonica.net/web/lynch

 

1. ¿Le satisface la imagen que se da de la filosofía en los medios de comunicación?
 
No me consta que haya una "imagen" de la filosofía en los medios de comunicación. Hay mucho profesor escribiendo por ahí (yo mismo, entre ellos), pero pocos filósofos. Preferiría que no hubiese ninguna referencia a la filosofía en los media. La filosofía ha sido siempre una extravagancia y, para su futuro como tarea espiritual, es mejor que siga siendo así.
 
2. ¿Cree usted que los alumnos están suficientemente motivados?
 
Los alumnos de nuestra época sufren dos influencias nefastas.
 
a) La conversión de la filosofía en una "profesión", lo cual los ha llevado a tratarla como tal, es decir, anómicamente, con el único propósito de "sacarse la carrera". No es que no estén motivados: carecen totalmente de curiosidad, pero eso no es culpa de los planes de estudio sino de la cultura contemporánea en general; y de las reformas de la educación, en particular, hechas por pedagogos y sociólogos, es decir, por gente que carece de todo sentido de la curiosidad intelectual.
 
b) La vertiginosidad de la comunicación, que les exige mucha agilidad mental y una gran dosis de superficialidad para soportar la velocidad de los cambios culturales, cualidades incompatibles con el estudio de las cosas áridas. Porque, ni falta hace recordarlo, la filosofía es tarea árida y difícil.
 
La motivación --como la pasión por la lectura-- no se puede promover ni fomentar. O la tienes o, si no, mejor sería que te dedicases a otra cosa. Las políticas de la "motivación" se traducen en clientelismo y demagogia, así como las campañas para la promoción de la lectura sólo conducen a la divulgación más ramplona. Y, de todas formas, la batalla está perdida de antemano. No se puede competir en términos de "motivación" con la industria mediática: siempre es más divertido, estimulante y fácil, bajarse un videoclip o jugar al Quake que hurgar en una biblioteca.
 
A estas influencias habría que añadir que, estudiantes y profesores, somos hijos del espíritu de mayo del 68, un verdadero desastre para la cultura europea.
 
3. ¿Por qué decidió usted dedicarse a la filosofía?
 
Porque era la única actividad académica que no venía acompañada de una promesa de realización profesional. (De joven, yo era --digamos así-- un tanto radical). Y además porque me gusta usar mis neuronas en la solución de problemas difíciles.

¿Fue una apuesta o una locura de juventud?
 
Ni una cosa ni la otra. Por una parte, nunca he sido apostador a nada, porque no tengo suerte en el juego. Y por otra parte, nunca fui joven (cosa de la que, por cierto, me arrepiento, pero en su momento no tuve elección y, por lo demás, ahora ya no hay nada que hacer).
 
4. ¿Qué obra rescataría en primer lugar de un incendio en la biblioteca?
 
La Iliada.
 
5. ¿A qué filósofo actual invitaría usted a la facultad?

Si pudiera clonarlo, a Ludwig Wittgenstein. Pero, en plan modesto y razonable: a Rafael Sánchez Ferlosio, que no es un filósofo pero sí el único pensador original que ha dado la España posmoderna.
 
6. ¿Si tuviera que volver a hacer la tesis doctoral, sobre qué tema la haría?
 
Sobre el autismo.
 
7. ¿Además de  proporcionarle un sueldo, la filosofía le ha servido para algo en la vida?
 
El sueldo es insuficiente, así que mejor no mencionarlo. Yo entré en la institución tarde y por la única razón de que no puedes tener patente de "filósofo" si no enseñas en una universidad. Miserable consigna impuesta por los profesores de filosofía para autolegitimarse, pero que contradice mi vocación: admiro a individuos como Wallace Stevens, uno de los más grandes poetas americanos contemporáneos, que se ganaba la vida como director de una compañía de seguros contra incendios. 
La filosofía me ha servido para conocer la obra de algunas mentes maravillosas, como Wittgenstein, Descartes, Nietzsche, Lévi-Strauss, Paul de Man, Hegel, entre muchos otros, y para comprender que la estupidez no tiene nada que ver con la ignorancia sino que es una forma legítima de la razón.
 
8. ¿Se ha reído alguna vez leyendo a un clásico de la filosofía?
 
Sí, en general, las obras de metafísica, cuando se ponen delirantemente abstrusas, me hacen desternillar de risa. Por ejemplo, las fórmulas heideggerianas tipo "el ser-en-su-cabe- con vuelto sobre el-haber-sido" me parecen desopilantes. También me he reido mucho con las obras de Louis Althusser.
 
9. ¿Era usted un alumno estudioso, o creía que esto de filosofar se hacía retozando en la yerba?

Siempre he sido estudioso y me hubiese gustado serlo aún más. Lo único que envidio es la capacidad de estudiar, que no he podido tener porque siempre he sido tentado por el retozar, aunque no precisamente sobre la hierba. No creo que nadie filosofe retozando en la hierba (con perdón por la aclaración, que no pretende ser pedante, pero la "yerba" es una planta americana que se emplea en mi continente de origen para preparar una bebida indígena estimulante).
 
10. ¿Cuál es el mejor profesor que ha tenido?

Michel Foucault, quien --por cierto-- no era nada foucaultiano en sus clases. Lo menciono para ser fiel a mi experiencia, aunque me da un poco de vergüenza citar a un personaje que se ha convertido en un emblema remanido.

11. ¿Qué idioma cree que es fundamental para estar al día en temas filosóficos?

El inglés. El saber de nuestra época se escribe en inglés.

12. ¿En qué cambiaría usted los actuales planes de estudio, en cuanto a asignaturas se refiere?

Volvería al modelo original. Cuatro asignaturas de introducción a las llamadas humanidades (historia, literatura, antropología, metodología de la investigación), seguidas de las historias de la filosofía; y las especialidades: ética, teoría del
conocimiento, estética, metafísica.  Y crearía un instituto de investigación para trabajar en forma de seminarios, sin clases magistrales ni monsergas de ningún tipo. Los seminarios deben ser, como antaño, para leer en grupo.
 
13. ¿La filosofía está más cerca de las humanidades que de las ciencias?
 
El concepto "humanidades" es un cajón de sastre inventado por los neopositivistas para desacreditar la tradición de la cultura europea y poder así predicar sus dogmas y prejuicios, ocupando el lugar de los antiguos teólogos inquisidores. Yo reivindico la vigencia del viejo modelo de "filosofía y letras", pero no con un sentido excluyente. No se puede hacer metafísica o teoría del conocimiento sin conocer el estado de la ciencia, que es la que hace metafísica hoy en día. No se puede hablar de ética sin una teoría del derecho y sin psicología; y, por último, no hay estética si no se conoce el arte, la música y la literatura.

Para colmo, en este país estudiar humanidades se parece a prepararse para jugar al Trivial Pursuit.

Y no veo inconveniente alguno en que, dado el caso, los estudios de filosofía sean exclusivamente de tercer grado, es decir, para licenciados.

14. ¿Algún consejo para un futuro licenciado en filosofía?

Haz tu trabajo como si te fuera la vida en ello. Si lo haces, el dinero y la satisfacción personal llegarán inevitablemente, por añadidura. Cosa que, por otra parte, se cumple en la filosofía como en cualquier otra actividad: si eres bueno ejerciendo el contrabando, dando inyecciones o montando una pizzería, también acabarás forrándote y saldrás en la prensa. De momento, yo sólo he conseguido el sueldito de profesor, pero todavía guardo esperanzas.
 
15. ¿Cree usted que nuestra página aporta algo a la facultad? Justifique su respuesta.

Por supuesto que sí. El humor y la ironía --aunque a veces los practican ustedes de manera un tanto escatológica-- son el fundamento de la libertad en el pensamiento. La filosofía no nació de la tragedia, como afirman los pelmazos, sino de la comedia, así lo advirtió con astucia Nietzsche (como buen bufón que era).
 
 
 

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